Jaime Rosales (Barcelona, 1970), tras su reconocida y premiada “La Soledad”, arriesga al hablar de uno de los temas mas polémicos y tratados en España desde la llegada de la democracia, el terrorismo de ETA. El director expresa su deseo de aportar moderación y cordura para provocar una reflexión que ayude a descontaminar este espinoso asunto.
El realizador se pregunta como es posible llevar el fanatismo hasta tal punto de convertir a una persona normal que desarrolla sus quehaceres cotidianos en una bestia irracional que lleva consigo la muerte y la desolación.
Como resultaba previsible, la polémica de unas interpretaciones que el director considera realizadas desde posiciones sesgadas y demasiado viciadas ha salpicado la película, llegando en ocasiones incluso al insulto o a calificar de ingenuo a Rosales por tratar un tema que, según estas opiniones, no domina.
La estructura formal de la película, así como el lenguaje empleado para narrarla, radical y experimental han generado casi tanto revuelo como el tema tratado. Algunos consideran que puede alejar a un espectador no iniciado, pero hay que reconocer que es coherente con el análisis de la narrativa cinematográfica que viene desarrollando el autor y supone una aguda reflexión sobre las posibilidades del cine como arte autónomo y comprometido con su propia evolución.
Rodada con teleobjetivo, diálogos inaudibles, iluminación natural y actores no profesionales en pocas semanas, la película mantiene una evidente frescura consiguiendo incluso ser rodada mientras la vida “sucedía” ante una cámara surcada por gente que desarrollaba su vida cotidiana. Una cuidada y pictórica planificación contrasta con elementos que aparecen por azar.
Otro importante punto de vista a la que invita la película, es al análisis de otros tipos de violencia que cohabitan con la terrible del terrorismo como son, por ejemplo, la presencia de cierta publicidad manipuladora, denunciada por Rosales, que llega incluso a prometer la felicidad si se consumen los productos que ofrece, algo que a juicio del realizador es una barbaridad y una irresponsabilidad. Estos sutiles mecanismos violentos añaden imposición y totalitarismo a una sociedad que creemos moderna y democrática.
El director también ofrece una referencia a los planos inicial y final de ésta y por extensión, todas sus películas, considerados clave por su autor en la pretensión de que contengan la idea que palpita en su interior de una forma poética. El mar en un estado entre calmo y bravo, así como el monte ofrecen un análisis sobre la situación en el país vasco utilizando dos ámbitos que le son tan propios.
Para finalizar, Rosales hace referencia a la ética desde la cual ha realizado la película y su pretensión de hablar en adelante sobre un tema tan apasionante como la espiritualidad en las sociedades modernas, donde la superficialidad y la banalidad no dejan de ganar terreno.
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